31 de diciembre de 2025
A medida que las automotrices trasladan cada vez más funciones a las pantallas centrales, eliminando botones físicos, crecen las dudas sobre el impacto real de esta tendencia en la seguridad vial. Un estudio realizado por la Universidad de Washington junto al Instituto de Investigación de Toyota vuelve a poner el foco en un problema ya conocido: interactuar con pantallas táctiles mientras se maneja aumenta la distracción, eleva la carga cognitiva y deteriora la capacidad de control del vehículo.
Desde la irrupción del Tesla Model S y su enorme display central, buena parte de la industria automotriz adoptó una lógica similar: menos botones, más superficie táctil y un menú digital para prácticamente todas las funciones del auto.
Climatización, audio, navegación, ayudas a la conducción y hasta ajustes básicos quedaron concentrados en una pantalla que obliga al conductor a desviar la mirada del camino para operar tareas que antes se resolvían casi de forma automática.
La investigación de la Universidad de Washington se realizó con 16 participantes, que utilizaron un simulador de conducción avanzada en un entorno urbano. Mientras manejaban, los conductores debían interactuar con una pantalla táctil similar a la de los autos modernos.
Los investigadores analizaron múltiples variables:
Movimientos oculares
Dilatación de las pupilas
Respuestas al estrés
Nivel de carga cognitiva
Precisión táctil y control del vehículo
Los resultados fueron contundentes.

Según el estudio, al realizar acciones cotidianas como cambiar una playlist, responder un mensaje o ajustar el volumen:
La precisión táctil cayó un 58%
En situaciones de mayor carga cognitiva, la pérdida de precisión aumentó otro 17% adicional
Las oscilaciones laterales del vehículo crecieron más del 40%, afectando seriamente la capacidad de mantener el carril
En términos simples: el conductor maneja peor y, al mismo tiempo, interactúa peor con la pantalla.

Los investigadores también probaron interfaces con botones táctiles de mayor tamaño, buscando reducir errores. El resultado fue negativo: el problema no es el tamaño del botón, sino la necesidad de mirar la pantalla para encontrar la función, algo que no ocurre con los comandos físicos tradicionales.
Como posible solución, el estudio propone incorporar sensores de seguimiento ocular y sistemas que midan la carga cognitiva, para que el auto adapte automáticamente la interfaz y priorice funciones esenciales cuando detecta un mayor nivel de estrés o distracción.
Las conclusiones coinciden con estudios previos, como el realizado por la organización británica de seguridad vial IAM RoadSmart, que alertó que el uso de sistemas multimedia reduce el tiempo de reacción del conductor. En algunos casos, el deterioro fue incluso mayor que el registrado en conductores bajo los efectos del alcohol o el cannabis.
El problema ya llegó a los organismos de evaluación de seguridad. Euro NCAP anunció que solo otorgará la máxima calificación a los vehículos que mantengan comandos físicos para funciones clave, como luces, limpiaparabrisas, balizas y climatización.
Un mensaje claro para la industria: digitalizar todo puede ser moderno, pero no necesariamente más seguro.

Las pantallas llegaron para quedarse, pero este nuevo estudio refuerza una idea que cada vez gana más fuerza: la obsesión por eliminar botones físicos tiene un costo real en términos de seguridad.
En un contexto donde los autos suman asistentes, sensores y automatización, paradójicamente el conductor termina más distraído que antes. Y eso, lejos de ser un avance, abre un debate que la industria ya no puede seguir esquivando.
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