20 de enero de 2026
Aunque pasan desapercibidas para muchos conductores, las bujías cumplen un rol central en el funcionamiento del motor. Un desgaste prematuro o un tipo incorrecto puede generar dificultades de arranque, pérdida de potencia y mayor consumo. En esta guía de AutoDataAR repasamos para qué sirven, qué tipos existen, cuánto duran y cuáles son los síntomas de alerta.
Dentro del motor conviven decenas de piezas que trabajan de manera sincronizada, pero pocas son tan chicas y tan determinantes como las bujías. Su función es simple en teoría, pero clave en la práctica: generar la chispa que enciende la mezcla de aire y combustible dentro de cada cilindro.
Las bujías están ubicadas en la culata del motor, una por cada cilindro, y reciben una descarga de alto voltaje desde las bobinas de encendido. Esa chispa inicia la combustión que permite que el motor funcione.
En términos simples:
Motor de 3 cilindros ? 3 bujías
Motor de 4 cilindros ? 4 bujías
Motor de 6 cilindros ? 6 bujías
Y así sucesivamente.
Si una sola bujía falla, el motor ya no trabaja de manera pareja.

En el mercado existen múltiples variantes, pero en autos de uso cotidiano los tres tipos más comunes se diferencian por el material del electrodo, lo que impacta directamente en su durabilidad y costo.
Duración estimada: 30.000 a 50.000 km
Ventajas: excelente conductividad eléctrica, chispa potente y precio bajo
Desventajas: se desgastan más rápido y requieren recambios frecuentes
Son habituales en motores más antiguos o de mantenimiento simple.
Duración estimada: 60.000 a 100.000 km
Ventajas: mayor resistencia al calor y a la corrosión
Desventajas: más caras que las de cobre y con menor conductividad
Ofrecen un buen equilibrio entre durabilidad y costo.
Duración estimada: 100.000 a 120.000 km
Ventajas: máxima vida útil y menor voltaje necesario para la chispa
Desventajas: precio elevado y mejora de rendimiento poco perceptible en uso normal
Son comunes en motores modernos, aunque no siempre justifican el costo extra.

No todas las bujías sirven para todos los motores. El manual del vehículo siempre tiene la última palabra: usar un tipo distinto al recomendado puede afectar el encendido, aumentar el consumo o generar fallas electrónicas.
En motores actuales, incluso una bujía "mejor" en teoría puede no funcionar correctamente si no es la especificada por el fabricante.
Cuando las bujías empiezan a fallar, el motor lo avisa. Los síntomas más comunes son:
Arranque dificultoso: el motor tarda en encender o lo hace de manera irregular
Pérdida de potencia: respuesta lenta al acelerar
Mayor consumo de combustible: combustión incompleta
Tironeos o vibraciones: especialmente en ralentí
Ruidos anormales: detonaciones o golpeteos internos
Según especialistas en mecánica liviana, una sola bujía en mal estado alcanza para que el motor deje de rendir al 100%, con impacto directo en consumo y confiabilidad.

Más allá del kilometraje estimado, la recomendación es clara:
Reemplazarlas dentro del intervalo sugerido por el fabricante
Adelantar el cambio ante cualquier síntoma
Cambiar siempre el juego completo, nunca de a una
Mezclar bujías nuevas con usadas genera diferencias de chispa, desbalance en la combustión y, paradójicamente, más gasto de combustible.
Las bujías no son caras ni complejas de reemplazar, pero ignorarlas puede terminar en:
Mayor consumo de nafta
Pérdida de rendimiento
Fallas de encendido
Daños secundarios en bobinas y catalizador
En definitiva, un componente chico que tiene un impacto mucho más grande de lo que parece.
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