22 de enero de 2026
Obligatorio por ley y fundamental para reducir lesiones graves, el cinturón de seguridad es uno de los elementos más subestimados del auto. Más allá de su función principal, su estado, funcionamiento y algunos detalles técnicos pueden aportar información valiosa sobre choques previos, reparaciones estructurales e incluso posibles daños por inundación. Revisarlo con atención es una práctica simple que puede marcar la diferencia tanto en seguridad como al evaluar un vehículo usado.
Desde hace décadas, el cinturón de seguridad es el principal sistema de retención en los autos. Según datos de organismos internacionales de seguridad vial, su uso reduce hasta un 50 % el riesgo de muerte en choques frontales y laterales. En Argentina, su utilización es obligatoria para todos los ocupantes, tanto en ciudad como en ruta.
Sin embargo, pocas personas saben que este componente también funciona como una suerte de "registro físico" del pasado del vehículo. Detalles que suelen pasar desapercibidos pueden advertir sobre situaciones que no siempre figuran en el historial oficial del auto.
Un truco poco conocido consiste en estirar el cinturón completamente desde el exterior del vehículo. Si en la parte superior de la cinta aparecen restos de humedad, arena o suciedad incrustada, puede ser una señal de alerta.
Este tipo de residuos suele quedar atrapado cuando un auto fue afectado por inundaciones o ingreso de agua al habitáculo. En muchos casos, estos daños no son visibles a simple vista, pero pueden generar problemas eléctricos y estructurales a largo plazo.

Todos los cinturones de seguridad tienen una etiqueta con su fecha de producción, generalmente ubicada en la parte inferior de la cinta. Ese dato debería coincidir con la fecha de fabricación del vehículo, que figura en la etiqueta colocada en el marco de la puerta (normalmente del lado del acompañante).
Si las fechas no coinciden, es probable que el cinturón haya sido reemplazado. Esto no siempre es negativo, pero puede indicar que el auto sufrió un choque previo en el que se activaron los sistemas de seguridad.

Un cinturón en buen estado debe retraerse de manera firme, continua y sin tironeos. Si el mecanismo no traba correctamente o no vuelve a su posición original, su capacidad de retención en un impacto puede verse seriamente comprometida.
Especialistas en seguridad vehicular recomiendan verificar periódicamente que la cinta no esté torcida, deshilachada ni endurecida. Un desgaste excesivo es motivo suficiente para su reemplazo.

Un dato poco difundido es que muchas hebillas de cinturón están diseñadas para funcionar como herramienta de emergencia. En caso de quedar atrapado dentro del vehículo, la parte metálica puede utilizarse para romper una ventanilla lateral y facilitar la salida.
Este recurso puede ser clave en situaciones extremas, como incendios o inmersiones, donde cada segundo cuenta.

Revisar el cinturón de seguridad no lleva más de unos minutos y puede aportar información clave sobre el estado general del vehículo. Mantenerlo limpio, sin desgaste visible y con un funcionamiento correcto no solo mejora la protección de los ocupantes, sino que también suma valor al momento de vender o comprar un usado.
En un contexto donde el mercado de autos usados crece y la seguridad vial sigue siendo una deuda pendiente, prestar atención a estos detalles deja de ser una curiosidad y se convierte en una necesidad.
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