12 de febrero de 2026
Los motores turbo son mayoría en el mercado argentino actual. Ofrecen mejor consumo y más potencia con menor cilindrada, pero también trabajan a temperaturas más altas. Después de un viaje largo o exigente, apagarlos de golpe puede generar desgaste prematuro. Qué recomiendan los especialistas y cuándo realmente hace falta esperar antes de apagarlo.
El turbocompresor funciona impulsado por los gases de escape y puede girar a más de 150.000 rpm. Durante un viaje largo por ruta o autopista, trabaja a alta temperatura.
Si se apaga el motor inmediatamente después de exigirlo:
La turbina sigue girando unos segundos.
Se corta la circulación de aceite.
Puede producirse desgaste prematuro en rodamientos.
Especialistas en mecánica coinciden en que el mayor riesgo es la falta momentánea de lubricación mientras el conjunto aún está caliente.
La recomendación es simple:
Dejar el motor en marcha entre uno y dos minutos antes de apagarlo, especialmente si el viaje fue exigente.
Ese tiempo permite:
Que el turbo reduzca su temperatura progresivamente.
Que el aceite continúe lubricando las piezas críticas.
Evitar cambios bruscos de temperatura en el conjunto.
No es necesario esperar si el trayecto final fue urbano y tranquilo. El enfriamiento ya se produce de manera natural.

No exactamente.
En motores aspirados (sin turbo), el riesgo es mucho menor. La recomendación es clave principalmente en:
Autos turbo nafteros chicos (1.0, 1.3, 1.4 T).
Motores turbo diésel.
Vehículos que circularon a alta velocidad sostenida.
Hoy la mayoría de los 0 km en Argentina equipan motores turbo, especialmente en los segmentos B y C, lo que hace que este consejo sea más relevante que hace 15 años.
Los riesgos más comunes son:
Calentamiento localizado:
El flujo de aire se detiene abruptamente y el calor queda concentrado.
Corte de lubricación:
El aceite deja de circular cuando aún hay piezas girando.
Desgaste prematuro del turbo:
Con el tiempo, puede derivar en ruidos, pérdida de potencia o consumo de aceite.
Un turbo dañado no es una reparación menor: su reemplazo puede representar un costo elevado en relación al valor del vehículo.

Además del enfriamiento, hay un control básico que muchos olvidan: revisar el nivel de aceite.
Antes y después de viajes extensos conviene verificar que esté dentro de los parámetros indicados por el fabricante. Un motor turbo con bajo nivel de aceite es una combinación peligrosa.
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