5 de marzo de 2026
El aumento de dos dígitos en el precio del petróleo, la tensión en el Estrecho de Ormuz y la suba exponencial de los fletes generan preocupación en el sector automotor. Aunque hoy no hay riesgo inmediato para la producción argentina, especialistas advierten que un conflicto prolongado podría impactar en autopartes, costos logísticos y exportaciones.
La escalada bélica en Medio Oriente afectó infraestructuras energéticas y rutas marítimas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del comercio mundial de petróleo.
El resultado fue inmediato: subas de dos dígitos en el precio del crudo en una sola jornada y un salto del 38% en el gas natural europeo tras la interrupción de producción en Qatar. Cuando el petróleo sube, toda la cadena industrial lo siente.
La industria automotriz no es ajena: depende del transporte marítimo, de derivados del petróleo (como plásticos y resinas) y de cadenas logísticas globales altamente coordinadas.
Dante Sica, socio fundador de Abeceb, explicó que el impacto dependerá de la duración del conflicto.
"Puede haber problemas logísticos, aumentos en los fletes o congestión portuaria si esto se extiende en el mediano plazo. Si el precio del petróleo sigue subiendo, también puede afectar la cadena de autopartes, sobre todo en insumos plásticos", advirtió.
El riesgo inmediato no es la falta de piezas, sino la congestión. Una fuente cercana a proveedores sostuvo que, si marcas como Toyota o Ford traen componentes desde Asia, el problema podría ser la acumulación de buques y demoras en puertos, más que un corte total de suministro.
Hoy no hay alerta roja para la industria argentina o brasileña. Pero si el conflicto se extendiera más de dos meses, el escenario podría cambiar.

El impacto más concreto ya se ve en el transporte marítimo. Las principales navieras modificaron rutas y comenzaron a aplicar recargos extraordinarios.
Empresas como Maersk, MSC, CMA CGM y Hapag-Lloyd desviaron barcos por el Cabo de Buena Esperanza, evitando zonas de conflicto.
Las consecuencias:
Demoras adicionales de entre 10 y 15 días.
Tarifas que, en algunos casos, triplican los valores del mes anterior.
Recargos por riesgo de guerra de hasta US$ 1500 por contenedor estándar (TEU) y hasta US$ 3500 para contenedores refrigerados.
Aumento del BAF (Bunker Adjustment Factor), que traslada el mayor costo del combustible al flete.
Para una industria que trabaja con cronogramas ajustados y márgenes finos, estos sobrecostos impactan directamente en la estructura de precios.

Juan Cantarella, presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), señaló que las exportaciones automotrices argentinas son mayormente regionales, por lo que no deberían sufrir un impacto directo inmediato.
Sin embargo, en importaciones la dependencia de Asia -China, Tailandia y Japón- sí podría verse afectada por mayores costos de transporte.
La Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) ya advirtió sobre el impacto logístico global y la reducción en la disponibilidad de contenedores por el aumento en los tiempos de rotación.
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El escenario también complica a Europa, que ya venía golpeada por la crisis energética derivada del conflicto entre Rusia y Ucrania.
El investigador Bruno Pérez Almansi recordó que la industria alemana, clave en el sector automotor, perdió competitividad tras dejar de acceder a gas ruso barato. Un nuevo salto en petróleo y gas sumaría presión a fabricantes que ya operan con altos costos laborales y energéticos.
No se espera una crisis de stock inmediata como la de los semiconductores en 2020-2021, pero el encarecimiento de seguros y transporte puede tensionar el sistema si la situación se prolonga.
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