21 de marzo de 2026
Cuando se enciende la luz de temperatura o del refrigerante en el tablero, el motor está en riesgo. Qué significa esta alerta, cuáles son los pasos inmediatos que hay que seguir y cómo evitar una reparación que puede costar millones de pesos.
La aparición del testigo de temperatura no es un detalle menor: indica que el motor está trabajando por encima de sus niveles normales o que el sistema de refrigeración presenta una falla.
En términos simples, el vehículo no está logrando disipar el calor generado por la combustión. Si se ignora esta advertencia, el resultado puede ser crítico: desde deformaciones internas hasta la rotura total del motor.
Ante esta situación, no hay margen para dudas. La recomendación es clara:
Seguir manejando con esta luz encendida, incluso por pocos kilómetros, puede agravar el problema y multiplicar los costos de reparación.

Uno de los errores más comunes es intentar revisar el motor en caliente.
El sistema de refrigeración trabaja bajo presión, por lo que abrir el depósito o el radiador en ese estado puede provocar la expulsión de líquido hirviendo y causar quemaduras graves.
Por eso, lo primero es esperar a que el motor se enfríe completamente antes de cualquier revisión.

Una vez que el vehículo se enfría, se puede hacer una inspección básica. Los problemas más habituales son:
Incluso si el nivel del líquido es correcto, puede haber una obstrucción que impida la circulación.
Si el nivel de refrigerante es bajo y necesitás moverte hasta un taller cercano, se puede agregar líquido específico o, en su defecto, agua destilada.
Lo que nunca se recomienda es usar agua de la canilla, ya que sus minerales generan corrosión interna en el motor.
Además, es clave observar si hay pérdidas debajo del auto. Las manchas de color verde, rosa o azul suelen indicar una fuga activa que requiere atención inmediata.

Uno de los mayores riesgos de circular con el motor recalentado es dañar la junta de tapa de cilindros.
Cuando esto ocurre, el refrigerante puede mezclarse con el aceite, lo que elimina la lubricación y puede terminar con el motor completamente inutilizado.
En ese escenario, la reparación deja de ser menor y pasa a implicar un arreglo integral, con costos muy elevados.
Los especialistas coinciden en que el mantenimiento preventivo es fundamental:
Estos chequeos simples pueden evitar situaciones de riesgo y gastos innecesarios.

Si la luz sigue encendida pese a que el nivel de líquido es correcto, el problema puede estar en un sensor o en el sistema eléctrico.
En ese caso, lo más seguro es no mover el vehículo y solicitar asistencia mecánica. Forzar la marcha puede empeorar una falla menor y transformarla en una avería grave.
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