14 de octubre de 2026
El crecimiento de China modifica la producción mundial y aumenta la competencia en el mercado argentino. Para Andrés Civetta, especialista de Abeceb, la respuesta local debería profundizar la fabricación de pick-ups, ampliar las exportaciones y fortalecer a los proveedores.
Los autos chinos en Argentina dejaron de representar una presencia marginal y ya obligan a revisar la estrategia industrial del país. El fenómeno no se limita al ingreso de vehículos importados: también incluye nuevas fábricas en Brasil, ciclos de desarrollo más rápidos y una competencia tecnológica que pone presión sobre terminales y autopartistas.
Entre 2019 y 2025, la fabricación mundial de vehículos creció apenas 5%, mientras que China aumentó su producción 34% e India avanzó 44%, según los datos presentados por Andrés Civetta, especialista en Movilidad de Abeceb. El gigante asiático no solamente absorbió el crecimiento global, sino que también ganó participación en mercados antes dominados por fabricantes europeos, japoneses y estadounidenses. Sus exportaciones se multiplicaron por seis durante ese período, impulsadas por una capacidad instalada superior a la demanda interna. A esa escala se suma otra ventaja: algunas automotrices chinas redujeron el desarrollo de un vehículo nuevo desde los cuatro o cinco años tradicionales hasta aproximadamente 18 meses mediante inteligencia artificial, simulaciones digitales, plataformas compartidas y procesos industriales más ágiles.
Alrededor del 70% de los vehículos patentados en Argentina durante los últimos meses fue importado. Brasil continúa siendo el principal país de origen, pero China se consolidó en el segundo lugar y elevó su participación desde un histórico 1% o 2% hasta aproximadamente 10%. Parte del crecimiento responde al régimen que permite importar hasta 50.000 vehículos electrificados por año sin pagar el arancel extrazona del 35%. La medida tiene una vigencia prevista de cinco años y fue diseñada para facilitar el ingreso de modelos eléctricos, híbridos y a hidrógeno. Los fabricantes chinos encontraron una ventaja porque cuentan con una oferta amplia capaz de combinar precios competitivos, baterías, conectividad y asistencias a la conducción.

El segundo canal de expansión será la producción china instalada en Brasil. Marcas como BYD, GWM y otras compañías asiáticas desarrollan proyectos industriales en el país vecino, desde donde podrían abastecer al mercado argentino con preferencias comerciales del Mercosur si cumplen los requisitos de origen. Esa posibilidad modificaría el escenario porque ya no dependerían exclusivamente del cupo para electrificados ni deberían afrontar el arancel extrazona aplicado a los vehículos provenientes directamente de China. Para Civetta, el proceso no tiene que interpretarse automáticamente como una amenaza: puede generar nuevas formas de complementación regional. Sin embargo, para que exista una oportunidad concreta, la Argentina deberá integrarse a esas cadenas mediante componentes, ingeniería, servicios o producción especializada y no limitarse a recibir vehículos terminados.
La industria local concentró progresivamente su producción en pick-ups y utilitarios livianos destinados a la exportación. En 2015, los comerciales representaban el 41% de las unidades fabricadas; actualmente alcanzan aproximadamente el 68% y cerca del 65% de ese volumen se vende en el exterior. Toyota Hilux, Ford Ranger, Volkswagen Amarok, Renault Niagara y Mercedes-Benz Sprinter forman parte de una especialización que permite alcanzar mayor escala y desarrollar proveedores alrededor de plataformas con demanda regional. Civetta considera que ese perfil es una fortaleza porque las marcas chinas todavía no consiguieron la misma penetración en el segmento de las camionetas que en los autos y SUV electrificados. El desafío será ampliar los destinos más allá de Brasil y América Latina, aprovechando acuerdos comerciales y explorando mercados europeos y africanos.

El ACE 14 mantiene actualmente un esquema de comercio administrado entre Argentina y Brasil mediante el mecanismo flex, pero desde el 1° de julio de 2029 está previsto el libre intercambio de productos automotores que cumplan con las exigencias de origen. La eliminación de las restricciones cuantitativas puede ampliar las oportunidades para las terminales argentinas más competitivas, aunque también aumentará la presión sobre fabricantes de piezas con problemas de escala, costos e impuestos. El sector autopartista ya enfrenta un crecimiento de las importaciones y una menor actividad, por lo que necesitará inversiones, financiamiento y reglas que incentiven la integración local. La industria argentina no parece encaminada a desaparecer, pero deberá producir vehículos exportables, elevar la productividad y evitar que su especialización quede limitada a ensamblar componentes importados.
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