30 de junio de 2026

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La ciencia revela por qué conducir un auto manual activa más el cerebro que uno automático

Una investigación encabezada por el neurocientífico japonés Ryuta Kawashima sostiene que conducir un vehículo con caja manual exige una mayor actividad cognitiva, aunque todavía no existen pruebas de que ayude a prevenir enfermedades.

Mientras las cajas automáticas y los autos eléctricos se vuelven cada vez más habituales en todo el mundo, una investigación realizada en Japón volvió a poner el foco sobre los vehículos con transmisión manual. En esta oportunidad, el debate no gira en torno al placer de conducción ni al rendimiento, sino al funcionamiento del cerebro.

La hipótesis pertenece al neurocientífico Ryuta Kawashima, profesor de la Universidad de Tohoku y reconocido por sus investigaciones sobre entrenamiento cognitivo. Según sus estudios, conducir un auto manual demanda un esfuerzo mental mayor que hacerlo con una caja automática, ya que obliga al conductor a coordinar múltiples acciones y tomar decisiones de forma permanente.

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Por qué un auto manual exige más actividad mental

A diferencia de un vehículo automático, donde la transmisión selecciona por sí sola la marcha adecuada, un auto manual requiere que el conductor decida constantemente cuándo cambiar de velocidad.

Esa tarea implica coordinar el uso del embrague, el acelerador y la palanca de cambios mientras se controla el tránsito, la velocidad y las condiciones del camino.

Según la hipótesis de Kawashima, esa combinación de acciones activa especialmente la corteza prefrontal, una región del cerebro vinculada con funciones ejecutivas como la atención, la memoria de trabajo, la planificación y la toma de decisiones.

La ciencia explica por qué es mejor manejar un auto manual que un  automático | TN

Un investigador reconocido por sus estudios sobre el cerebro

Ryuta Kawashima alcanzó notoriedad internacional tras participar en el desarrollo científico de la serie de videojuegos Brain Age para Nintendo, orientada al entrenamiento cognitivo.

Sin embargo, gran parte de su carrera estuvo dedicada a estudiar cómo distintas actividades cotidianas influyen sobre el funcionamiento cerebral.

Entre ellas también investigó la conducción de motocicletas, donde encontró una mayor activación de determinadas áreas del cerebro respecto de personas que no manejaban.

Todavía no existen pruebas concluyentes

Aunque la teoría resulta consistente desde el punto de vista neurocientífico, los propios investigadores aclaran que todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que conducir un auto manual reduzca el riesgo de demencia o prevenga el deterioro cognitivo.

Hasta el momento no hay estudios clínicos revisados por pares que permitan establecer esa relación de manera definitiva.

Lo que sí demostraron investigaciones realizadas mediante espectroscopia funcional de infrarrojo cercano (fNIRS) es que las tareas de conducción con mayor exigencia cognitiva generan una mayor actividad en la corteza prefrontal.

En otras palabras, el cerebro trabaja más, aunque todavía resta comprobar si ese esfuerzo produce beneficios a largo plazo.

Un hábito que podría desaparecer

La hipótesis aparece en un contexto donde las cajas manuales atraviesan un marcado retroceso.

Los vehículos eléctricos utilizan exclusivamente transmisiones automáticas y, además, las cajas automáticas modernas mejoraron tanto en eficiencia y consumo que cada vez son más elegidas incluso en modelos de entrada de gama.

En mercados como Estados Unidos y Japón, los autos con caja manual representan una porción cada vez menor de las ventas, mientras que Europa también registra una disminución sostenida impulsada por el crecimiento de los vehículos híbridos y eléctricos.

Un nuevo argumento para defender la caja manual

Durante años, quienes prefieren las transmisiones manuales destacaron el mayor control, la participación activa del conductor y una experiencia de manejo más entretenida.

Ahora podría sumarse un argumento diferente: el mayor esfuerzo cognitivo que implica utilizar tres pedales y gestionar manualmente cada cambio de marcha.

Por el momento, la ciencia no puede asegurar que esa exigencia proteja al cerebro frente al envejecimiento o las enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, abre una interesante línea de investigación en un contexto donde la conducción es cada vez más automatizada.

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