28 de enero de 2026
La nueva generación del Citroën C3 en Argentina acumula críticas por priorizar el bajo costo por sobre la seguridad, la calidad percibida y la tecnología. Con cero estrellas en Latin NCAP, materiales interiores de baja calidad y motores anticuados, el modelo se posiciona como uno de los lanzamientos más cuestionados del segmento.
La nueva generación del Citroën C3 fue desarrollada específicamente para mercados emergentes, con una lógica clara: reducir costos al máximo para ofrecer un precio competitivo.
El problema es que ese recorte no solo afecta el confort, sino también aspectos clave como la seguridad estructural, el equipamiento y la percepción de calidad.
En la práctica, el C3 argentino se aleja del estándar europeo de la marca y se posiciona como un producto distinto, con concesiones que hoy generan polémica.
El dato más preocupante es su resultado en Latin NCAP, donde el modelo obtuvo cero estrellas, una calificación que refleja:
Protección deficiente para adultos y niños
Ausencia de airbags laterales y de cortina de serie
Estructura con comportamiento limitado en impactos severos
En un contexto donde competidores directos ya ofrecen mejor equipamiento de seguridad activa y pasiva, el C3 queda relegado a los niveles más bajos del segmento.

Otro foco de críticas es el habitáculo, señalado por:
Uso intensivo de plásticos rígidos de bajo costo
Encastres simples con potencial aparición de ruidos con el uso
Diseño funcional, pero con sensación general de producto "abaratado"
Especialistas locales remarcan que representa un retroceso frente a generaciones anteriores, donde Citroën apostaba por mayor personalidad y mejores terminaciones.

Confiable, pero tecnológicamente veterano
Sin turbo ni eficiencia comparable a motores modernos
Consumos y respuesta por debajo de nuevas alternativas del mercado
Potencia limitada para un vehículo con estética de crossover
Prestaciones justas en ruta y carga
Sensación de falta de agilidad en uso real
En ambos casos, la crítica no es la confiabilidad, sino la falta de evolución mecánica frente a rivales más modernos y eficientes.

Usuarios y testers detectaron ausencias llamativas, incluso en versiones intermedias:
Ajustes eléctricos de espejos inexistentes
Instrumental excesivamente simplificado
Falta de tecnologías de asistencia a la conducción que ya son estándar en la competencia
El resultado es un producto que se siente un escalón por debajo del promedio del segmento B.

El Citroën C3 representa una tendencia preocupante en la región:
autos diseñados para ser accesibles, pero con concesiones que impactan en seguridad y calidad real.
Puede ser atractivo en precio, pero el costo aparece en otro lado:
Menor protección
Menor durabilidad percibida
Menor valor de reventa
Experiencia de uso más limitada
Para muchos compradores, el C3 deja de ser una oportunidad y pasa a ser un compromiso excesivo.
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